Una luciérnaga me enseñó a amar

blog luciVuela, es libre de ir a donde quiera. Alumbra a su paso cualquier oscuridad por profunda que sea. Sólo una es necesaria para alegrar mi día. La belleza exterior no es lo que me atrae, es su luz, es ese destello que viene desde el fondo de su ser, esa belleza interna que deslumbra el anochecer.

La amo. Al admirarla me siento alegre, provoca felicidad el apreciar un ser vivo tan curioso. Brilla, y sin siquiera saber me enamora. Me gustaría llenar un jarro con ellas y alumbrar mi habitación, pero eso no es amor. El amor no aprisiona. Al contrario, libera y ayuda a volar.

Porque ya no me interesa poseerla, entiendo que al amar estas dispuesto a perder con tal de ver al otro los cielos surcar. Me gustaría tenerla entre mis manos, pero hay peligro de lastimar, y no, eso no es amor, el amor no duele, no lastima ni hiere. O por lo menos no el amor profundo, talvez el mundano.

La amo, porque ella no me necesita para brillar, su luz no depende de mí, es perfecta y armoniosa sin que yo tenga que estar ahí. Si necesita mi ayuda mi mano le tenderé  para curar sus alas,  sin afán de sanarla para que vuele en mi jardín, porque el amor ayuda sin esperar nada a cambio, sin egoísmo.

La amo, y si ella me amara y decidiera volar en mi camino sería agradecido con la vida por esa gran bendición, pero mi amor no está condicionado a que me ame de regreso. Porque el amor que siento por ella me llena, es suficiente para alumbrar mi interior, es suficiente para encender mi propia luz y eso ya es hermoso.

La amo, porque a pesar del clima exterior, su luz interna siempre encendida está. La amo porque su naturaleza es brillar, a pesar de sus heridas, a pesar de sus batallas perdidas. La amo por la armonía que me hace sentir, por esa alegría que me invade al poderla apreciar.

La amo porque es perfecta por naturaleza, sin necesidad de quererlo ser.  La amo porque es una divina creación, porque a pesar de no ser la más hermosa, brilla con seguridad. La amo tanto que verla volar es mi inspiración, aunque yo no sea de su iluminar la razón.

Pablo López Navarro.

Y es que tal vez…

Con 22 años, creo saber ya lo que quiero en la vida, creo conocer los misterios de la felicidad y entender por completo el amor. Luego abro los ojos y me  doy cuenta que en realidad no sé nada, observo a los adultos  y creo no comprender lo que es la vida. Veo a la gente persiguiendo riqueza y mi ideal de felicidad parece no ser correcto. Contemplo las relaciones de pareja y mi concepto de amor se desvanece.

Creo comprender lo que es ayudar a los demás, pero al observar a aquel que te tiende una mano para luego ponerte el pie me siento perdido. Creo entender la honestidad pero al ver que sólo aparece cuando conviene ya no estoy seguro. Creo entender la pasión pero al ver al deportista entrar en prácticas desleales persiguiendo la victoria, me siento vacío.

Creo entender la valentía pero al ver que ahora se mide con golpes, siento ya no saber. Creo entender el sentido de la vida, pero al observar a la gente perseguir su cola, todo sentido se viene abajo. Creo entender el éxito pero el ver gente de traje con dinero y despotismo me hace dudar.

Y quien soy yo para juzgar, pero el amor con celos no es amor, y quien soy yo para decirlo pero la pasión por el deporte no es pretexto para ensuciar el juego, y quien soy yo para saber que la felicidad no está en lo material. Y quien soy yo para decírtelo, pero la valentía y la fuerza bruta se pintan aparte.

Y quien soy yo para saber lo que es la vida y como se debe vivir. Y tal vez en ser nadie está la respuesta. Tal vez en buscar la evolución propia sin tratar de vencer al prójimo está la verdad del éxito, tal vez en dejar lo material está la felicidad, y tal vez en amar sin poseer está el enigma de Dios.

Y sólo tal vez en ayudar sin esperar nada a cambio está la santidad, y tal vez pero sólo tal vez, en obrar derecho para evitar la mentira está la paz. Y tal vez en evitar la pelea se encuentra la valentía, pero sólo talvez en pensar diferente está la respuesta.

Y es que tal vez la humanidad ha abandonado su naturaleza, y es que sólo tal vez, el hombre nació del amor, pero no sabe amar, y es que tal vez se nos olvidó como hacerlo. Pero tal vez la sociedad está en lo correcto y amar es aprisionar, y la honestidad es para tontos, la pasión es siempre ganar, y ayudar es conveniencia.

Y es que tal vez escribo por escribir, pero es que tal vez tenga razón, y es que tal vez me creas, pero es que tal vez no, pero es que si lo haces tal vez se pueda evolucionar, pero si no es que tal vez no.

 Pablo M. López Navarro – 2015